El mejor pan del mundo

article by: at: 5th Jul 2011 under: Azores
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Hemos fondeado en una bonita bahía de arenas blancas y encerrada por unos acantilados salvajes llenos de matorrales y arboles no lejos de la encantadora población de Bahia de Praia en el sur de Santa Maria. El plan de esta mañana es de coger la zodiac para ir al pueblo y comprar pan y alguna verdura que están faltando en la nevera de a bordo. A pesar de que hoy es domingo esperamos de encontrar alguna tienda abierta por la mañana. Llegamos a la coqueta playa de Bahia que ya por la mañana esta animada y hay un grupo de niños bailando al ritmo que marca una monitora frente a ellos. Entro en el bar de la playa para preguntar si saben de alguna tienda en el pueblo. Una pareja joven que ha venido desde São Miguel me confirman que hay una mas arriba del pueblo pero que sin coche seria una buena caminata de unos 20 o 30 minutos. Empezamos de andar por la carretera que va cuesta arriba, pasando por casas bajas, blancas y con el tejado de barro rojizo bien bonitas, con sus chimeneas grandes y típicas y unos jardines preciosos y bien ordenados. Cuando mas subimos la cuesta, mas espectaculares son las vistas a la bahía con sus aguas turquesas y los montes, de un verde saturado, que la rodean.El camino es mas lejos que pensábamos y pronto salimos del pueblo para entrar en otro. Por lo menos parece que hemos llegado arriba, pues la carretera ya no sube mas. Después de casi una hora andando por fin vemos el cartel de un mini mercado. Cuando nos acercamos vemos con temor que luego un hoja pegada en la entrada nos confirma: Cerrado los domingos. Algo desanimado emprendemos el camino de vuelta hacia la playa en la que hemos dejado nuestra zodiac. De repente se para un coche rojo de dos plazas y un cajón por detrás. Hay dos mujeres delante y dos chicos y un niño sentados en el cajón. «Para Praia?» pregunta la señora que va conduciendo. «Si, si, muchas gracias.» contestamos contentos de tener un transporte que nos ahora el camino de vuelta. Cuando arranca el coche, cuento a sus ocupantes la infortunada historia que nos había pasado esta mañana. «Pero ustedes quieren comprar pan?» pregunta la señora. «Pues yo tengo pan. Soy panadera.» No lo podemos creer lo que escuchamos. De todos los coches que han podido parar para llevarnos, es el de la panadera. Maria de los Angeles, que nombre mas oportuno, da la vuelta al coche para llevarnos a su panadería. Llegamos a su casa y con orgullo nos enseña sus rústicos hornos de leña y el resto de su autentica panadería artesanal, en la cual esta elaborando panes desde hace más de 30 años cada día a partir de la una de la madrugada. Compramos tres panes grandes y buenísimos de estos de tipo payes. Ella nos regala cuatro bolsas de unos dulces caseros que tienen una pinta de muerte. Cuando subimos otra vez a su coche para que ella nos lleva a la playa aun no podemos creer que nos acaba de pasar. Que bonito son estas experiencias con este aire místico que siempre pasan cuando uno esta viajando. El mundo es bonito y la mayoría de los seres humanos son excepcionales y maravillosos. Gracias Doña Maria de los Angeles por ser nuestro ángel hoy.

Esta tarde vamos hacer una barbacoa en la playa frente a nuestro barco. Tenemos una carne riquísima, ensalada fresca y vino de Navarra, pero seguro que nos sabe mejor hoy va a ser el pan.

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